Estos altos porcentajes de apoyo son lógicos, puesto que los resultados del 9-M han sido buenos aunque absolutamente estériles. Pese a que muchos puedan compartir la apuesta por la renovación esbozada en estas páginas, Rajoy ha sabido granjearse el apoyo de los militantes y simpatizantes en estos pasados cuatro años y sigue siendo una referencia sólida. El problema surge cuando el 55% de los votantes del PP responde que Rajoy debería hacer una oposición más dura que en la anterior legislatura. Si el líder popular sigue este punto de vista, los próximos años pueden ser una mera reedición de lo que ha sucedido desde 2004, con el PP y el PSOE en una permanente confrontación, y el sambenito de la crispación seguirá colgado del cuello de Rajoy. Si, por el contrario, opta por hacer una oposición más comedida, va a decepcionar a los seguidores que le piden lo contrario y que son la mayoría de sus electores. Entonces, el 25,7% de quienes creen en el PP que Rajoy no debería ser candidato en las elecciones generales irá aumentando. La apuesta por una línea dura de oposición en todos los frentes, con un discurso similar al que ha mantenido, podría beneficiar al partido de Rosa Díez, que aboga hoy en EL MUNDO por una política de consensos en materia de asuntos de Estado, de firmeza contra ETA y de no claudicación ante los nacionalistas. Este programa podría atraer a un segmento del PP si Rajoy se decanta por hacer lo que le pide la mayoría de sus votantes en cuestiones, por ejemplo, de índole moral. El primer test que va a afrontar Rajoy es la posición de su partido a la hora de votar la investidura de Zapatero. El líder del PP está atrapado por sus propias palabras cuando dijo que, si ganaba el PP, esperaba que el PSOE se abstuviera en la investidura. José Blanco se lo ha recordado y le ha pedido que sea «coherente»: o sea, que haga lo que él pidió que hiciera Zapatero. Pero Rajoy no se puede abstener tanto en función de su propio discurso como del mandato que le han dado sus electores, que le obliga a hacer oposición y a votar en contra de un Gobierno de Zapatero. Para ello, tendrá que desoír los cantos de sirena que le vienen del PSOE y de sus medios afines -entusiasmados, a lo que se ve, por su continuidad-, que le aconsejan abstenerse y hacer una oposición acomodaticia. Si Rajoy sigue la trayectoria que le ha caracterizado, dirán que no ha aprendido nada. El líder del PP debe optar entre el sector mayoritario de votantes que le demanda que sea inflexible con Zapatero y quienes le aconsejan que introduzca matices en su estrategia para ampliar su base de apoyos. La elección no está nada clara porque ambas alternativas tienen serios inconvenientes. A un nuevo candidato se le concedería un margen de confianza para ajustar su estrategia, pero él ya no puede pinchar en hueso en un gran debate pues sería percibido como perdedor irremisible.
La encuesta que hoy publica EL MUNDO refleja que el 75% de los votantes del PP quiere que Mariano Rajoy siga como líder del partido, mientras que el 71% dice que está de acuerdo con que vuelva a ser el candidato del PP en las próximas elecciones generales.
Rajoy tiene muchas cualidades como persona y como político, pero su objetivo de llegar a las elecciones generales de 2012 como caballo ganador es francamente difícil o casi imposible. Esa es la gran paradoja: que los seguidores del PP le quieren como líder, pero le marcan una hoja de ruta que le puede hacer muy difícil sobrevivir.
« La Iglesia recibe 150 millones del Estado y le ahorra varios miles, de José Manuel Vidal | Inicio | Rosa Díez en El Mundo: «El PSOE ha querido hacer una segunda transición con los nacionalistas excluyendo al Partido Popular» »
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados