Excmo. Sr. Rector Magnífico.
Excmo. Sr. Presidente del Principado.
Autoridades.
Profesores, P.A.S. y alumnos de esta Universidad,
Señoras y Señores:
Me corresponde, en nombre de la familia del Rector Alas, intervenir brevemente en este emotivo homenaje, no teniendo otro objeto mis palabras que mostrar nuestra gratitud a la Comunidad universitaria, encabezada por su Rector, el profesor Vázquez y a quienes, desde el ejercicio de su autoridad o desde el compromiso ético o la amistad han querido sumarse a este acto.
Hace ya casi veinte años que la Universidad de Oviedo, entonces dirigida por el profesor Marcos Vallaure, libró, para siempre, de una deliberada ocultación, la figura de Leopoldo Alas Argüelles. Y apelo a la ocultación, que no a la falta de memoria histórica, porque la ausencia forzada, durante décadas, del Rector arrebatado a la institución, era la leyenda negra –y desgraciadamente cierta- que corrió de boca en boca, de maestros a discípulos, en tiempos en los que la sana ciencia hubo de convivir con la mala conciencia.
Otros pasos, no desdeñables, se habían dado con anterioridad; como el encargo de su retrato a Paulino Vicente, o, ya en 1977, la solicitud del Rector López-Cuesta al Ayuntamiento para la concesión de una calle a Alas hijo.
Pero el silencio había sido muy prolongado y su obra, como gestor, publicista y académico, no sólo fue enterrada y hasta plagiada, sino que, sobre los muros que con tesón ordenó levantar, tras el incendio de 1934, se esculpieron listados de muertos en la guerra; sin duda heroicos, pero entre los que no podía estar el propio Rector. Y se cincelaron referencias a sevicias horrendas, entre las que no se contaba el magnicidio y, mucho más modernamente, se exaltaba en otra lápida el fuego purificador del que, supuestamente, habría resurgido, cual ave fénix, esta Universidad. Permítanme una pregunta: ¿a qué fuego se apela? No puede ser al del octubre revolucionario que, lógicamente, nadie en su sano juicio puede justificar. ¿A qué fuego, pues? ¿Al que hace setenta años se abrió contra tantos inocentes como el Rector asturiano? De tamaños excesos terminológicos no puede resurgir más ave que el águila de San Juan que aún planea en este Paraninfo. Cuya traza, por cierto, no es por lo demás ajena a la obra reconstructora del homenajeado.
Los textos y los símbolos citados, señor Rector, perviven en este edificio y conviven ahora con las leyendas que recuerdan al mismo que aplastaron por odios heredados y por la sola lealtad a la legalidad republicana. Vuestra Magnífica Excelencia sabrá, sin duda, compaginar, ante tal constatación, la debida prudencia y la exigible congruencia.
Es deseo unánime de la familia –que ha estudiado en estas aulas en distintos momentos de la dictadura- agradecer todo rasgo de generosidad y valentía de quienes no renegaron de la persona de Alas y llegaron a condenar, no siempre en voz baja, aquella atrocidad. Y comprender el temor de quienes se callaron, pero de alguna forma exteriorizaron apoyo o afecto. Y, en fin, perdonar hasta donde tal virtud es humanamente posible, a quienes con su pasividad o asentimiento, permitieron la iniquidad jurídica y dieron sordina a la descarga letal del 20 de febrero de 1937. No en balde está tristemente constatado –y reconocido por ilustres sobrevivientes- que a la farsa procesal que se desarrolló en el Palacio de la Diputación, asistieron múltiples universitarios. Alguno, incluso, como testigo de cargo. Otros, cito textualmente, “porque en aquellos días no había en Oviedo ni cine ni teatro”.
El acto de hoy, señor Rector, en una España libre y confío que definitivamente reconciliada, sé que no cuenta con asistentes obligados, ni con espectadores morbosos. Muy al contrario: la Universidad, tres veces más joven que la ciudad, le ha abierto las puertas a ésta para honrar conjuntamente la memoria de un ovetense, del que no se conoce otro delito que haber amado sin límite a la familia, a la tierra, a la Universidad y a la República
Aquí estamos hoy casi todos.
Muchas gracias.
Leopoldo Tolivar Alas
23 de febrero de 2007
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