La denuncia de Farssaoui, "Cartagena", en la Audiencia Nacional
Cartagena revela que la policía le pidió que captara a Zougam para el Tunecino
El imam, confidente policial y testigo protegido Abdelkader Farssaoui revela en el escrito-denuncia que presentó el pasado día 1 de diciembre en la Audiencia Nacional que, desde un primer momento, los agentes policiales de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) querían involucrar a Jamal Zougam con los radicales islamistas. Farssaoui también recibió órdenes, primero, para que controlara a Allekema Lamari y después para que se olvidara de él. Pero lo más interesante es que a Abdelkader Farssaoui, más conocido en los ambientes policiales por el alias de Cartagena, le prohibieron que reconociera ante el juez que estuvo en el chalé que Jamal Ahmidan, El Chino, tenía en Morata de Tajuña (Madrid) y donde se prepararon las mochilas bomba que estallaron el 11-M.
El marroquí Jamal Zougam, según el juez Juan del Olmo y la fiscal Olga Sánchez, fue una de las piezas fundamentales en la estructura de los atentados del 11-M y, además, está acusado de ser uno de los terroristas, vivo, que colocaron las mochilas-bomba en los trenes de la muerte.
Allekema Lamari, argelino y miembro del Grupo Armado Islámico (GIA), estaba considerado por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) como el jefe militar del comando del 11-M y se suicidó el 3 de abril de 2004 en el piso de Leganés junto al resto del comando.
Abdelkader Farssaoui mantiene en su denuncia ante la Audiencia Nacional que los agentes policiales le dieron una serie de instrucciones sobre un marroquí que tenía una tienda de teléfonos móviles en el barrio madrileño de Lavapiés: «En uno de los encuentros con la UCIE me hablaron de Jamal Zougam para que me acerque a él y así poder facilitar información sobre su persona y las actividades que desarrolla».
Tras un tiempo siguiendo y controlando a Zougam, Cartagena llega a la siguiente conclusión sobre el presunto terrorista: «Pasado un tiempo no les he podido [se refiere a los agentes de la UCIE] dar información sobre el mismo, porque parecía que lleva una vida normal».
En ese momento, siempre según el escrito-denuncia que Abdelkader Farssaoui presentó el pasado viernes en la Audiencia Nacional, los agentes policiales se abrieron con su confidente y le confesaron cuáles eran sus auténticas pretensiones: «Es cuando me dicen que no le pudieron encausar [se refiere a Zougam] por el 11-S, y que quieren que intente acercarle a las reuniones de Serhane El Tunecino -que estaba ejerciendo de líder del grupo- para así tenerle controlado como a los demás».
En las «notas informativas» que la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) elaboró a partir de las informaciones facilitadas por Farssaoui y que EL MUNDO reveló el 31 de mayo de 2005 se recogía una serie de datos sobre Zougam y su tienda de Lavapiés. En la «Nota número SIETE» (17-febrero-2003) se indicaba: «Ha confirmado que en los mencionados rezos del viernes también asisten a esa mezquita dos individuos marroquíes, que trabajan ambos en la tienda que tiene en Lavapiés el marroquí Mohamed Chaoui. En ese momento se le muestran varias fotografías en las que reconoce a ambos individuos, que el pasado lunes coincidieron con él en la fiesta del cordero, que llegaron en un vehículo marca Mitsubishi, 0720 BLX. A dicho vehículo le figura como titular Jamal Zougam».
En la tienda de telefonía de Lavapiés trabajaban Jamal Zougam, su hermanastro Mohamed Chaoui y Mohamed Bakali. Zougam y Chaoui fueron detenidos tras los atentados del 11-M. El primero está acusado por ser uno de los autores materiales de aquella matanza y el segundo salió en libertad seis días después de su arresto.
EL MUNDO ha podido saber que cuando la Policía investigaba la célula de Al Qaeda en España -que, según sentencia judicial, dirigía Imad Eddin Barakat Yarkas, Abu Dahdah- se reunió en dos ocasiones con Jamal Zougam para convencerlo de que debía trabajar para ellos como colaborador. Zougam rechazó de manera rotunda la oferta de los agentes policiales.
Otro de los trabajos y objetivos que la UCIE encomendó a Cartagena, con anterioridad a los sucesos del 11-M, fue el control y seguimiento de Allekema Lamari. Ese argelino estuvo en la cárcel en España entre 1997 y 2002 por pertenecer al Grupo Islámico Armado (GIA) y el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) mantiene que fue el jefe militar del comando que atentó en el 11-M.
Abdelkader Farssaoui, en referencia a la destrucción de determinadas pruebas incriminatorias contra los agentes de la UCIE, recuerda en su escrito-denuncia: «Se aprovecharon para poder deshacerse de algunas pruebas, por ejemplo, grabaciones telefónicas con algunos agentes de la UCIE y también fotografías de Allekema Lamari que me fueron facilitadas por la UCIE para que yo pudiera localizar a dicha persona, un pequeño informe sobre el mismo y otros informes no relacionados».
Cartagena amplía sus comentarios-declaraciones sobre el jefe militar del comando terrorista: «Cuando localizo a Allekema Lamari se lo comunico [se refiere a los agentes policiales], estaban interesados y me pidieron datos sobre la zona donde se encontraba, y me dijeron que yo me fuese de esa zona».
El colaborador policial concluye ese punto con la siguiente afirmación: «Días después, pregunto sobre él y me dicen que está controlado y que mi tarea de observarle ha finalizado».
Desde el primer momento en que Allekema Lamari salió en libertad, en el año 2002, estuvo controlado y financiado económicamente por un hombre del CNI, el sirio Sabagh Safwan. A través de Safwan los agentes del CNI estaban al tanto de todos los movimientos del terrorista argelino, hasta el punto de que en una ocasión el sirio trasladó a Lamari desde Valencia a Madrid para que se entrevistara con El Tunecino.
Por esas circunstancias el juez Del Olmo solicitó el 22 de noviembre de 2004 al secretario de Estado de Interior, Antonio Camacho, que remitiera a su juzgado toda la información que tuviera sobre Allekema Lamari y que le hubiera proporcionado el CNI.
Camacho contestó al magistrado el 7 de diciembre de 2004 y aclaró que sobre las «notas o comunicaciones recibidas del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) relativas a Allekema Lamari, en el año 2003 y en el año 2004, le comunico que la documentación relativa al periodo del 6 de noviembre de 2003 al 6 de marzo de 2004 no se encontraba en este Ministerio, ni en esta Secretaría de Estado, ni en ninguna de las dos direcciones generales, Policía y Guardia Civil, a nuestra llegada a este Ministerio en el mes de abril pasado». Hay que recordar que el PSOE ganó las elecciones el 14 de marzo de 2004.
El secretario de Estado, al parecer, no sabía que la propia Policía había encargado a Cartagena el seguimiento y control de Allekema Lamari y que los agentes de la UCIE tenían amplia y detallada información sobre el jefe militar del comando terrorista del 11-M.
Abdelkader Farssaoui acaba el punto relativo a Allekema Lamari en su escrito-denuncia de la siguiente forma: «También me dijeron que si alguien me preguntaba sobre Allekema Lamari les dijese que no le conocía. Aunque yo lo he localizado y fue transmitida la localización a la UCIE».
En otro momento de la denuncia, Cartagena recuerda las advertencias que recibe de los agentes policiales: «Me aconsejaron de que no hablase con nadie y, de que [sic] en el caso de detención por otro servicio, que no hable nada hasta que estén ellos presentes. Y que me deshaga de mi tarjeta telefónica (tragándola si hace falta)».
El confidente policial subraya en sus nuevas declaraciones judiciales que los policías españoles le pidieron que se infiltrara en los servicios secretos marroquíes: «Me pidieron acercarme a los servicios secretos marroquíes para espiarles y me dijeron que tenían grandes sospechas acerca de algunos agentes de dicho servicio, prometiéndome encubrimiento». La propuesta de la UCIE no fue considerada por Cartagena: «Yo rechacé porque no quería meterme en problemas con un país donde he nacido y he crecido y donde tengo a mi familia».
Otro de los puntos que el imam de la mezquita de Takouma (Madrid) refleja en sus nuevas declaraciones es que recibió instrucciones de la UCIE para que no revelara que estuvo en el chalé que Jamal Ahmidan, El Chino, tenía en Morata de Tajuña (Madrid) y donde los terroristas prepararon las mochilas-bomba de los trenes de la muerte.
Sobre ese apartado, Cartagena es muy directo: «Me dijeron en diversas ocasiones que si algún juez me preguntaba si había estado en la finca de Morata de Tajuña, les debería decir que nunca he estado... aunque yo he estado una vez allí y he facilitado los datos».
Por las afirmaciones del confidente policial se deduce que la UCIE tenía conocimiento de que El Chino y los suyos tenían un centro de reunión fuera de Madrid mucho antes de que se llevaran a cabo los atentados del 11-M.
Por último, Abdelkader Farssaoui recuerda, con respecto a los agentes de la UCIE que «todo lo declarado ante el juez Garzón fue lo que ellos mismos me pidieron que declarase».
El Tunecino quería mártires en España
El escrito-denuncia de Abdelkader Farssaoui está lleno de detalles y nuevas revelaciones. Uno de los hechos más llamativos que describe Cartagena es cuando Serhane ben Abdelmajik Fahket El Tunecino organiza una cena con sus colaboradores más íntimos, y les plantea que ha llegado el momento de convertirse en mártires y llevar a cabo la yihad en España o Marruecos. Cartagena informó a sus controladores sobre aquella peligrosa y delicada reunión un viernes de madrugada y recibió la respuesta de que ya lo tratarían el lunes siguiente.
Farssaoui no concreta la fecha de esa última cena, pero según todos los indicios es antes de que el imam de Villaverde abandone Madrid y se marche a Granada. Farssaoui, según las «notas informativas» de la UCIE, se traslada a Granada en junio de 2003.
En esa última cena, a semejanza de Jesucristo con sus apóstoles, Serhane El Tunecino comunica a sus allegados el siguiente mensaje o visión: «Intentó reducir el número de miembros del grupo. Una vez todos sentados, nos pidió desconectar los móviles, incluso separar las baterías de los terminales... comenzó la reunión diciendo que sepamos [sic] que en ese grupo no necesita muyahidines para luchar en Afganistán o Chechenia, ya que buscaba personas que fuesen capaces de convertirse en mártires».
El Tunecino, una vez que comprobó que todos los presentes habían apagado sus móviles y habían retirado la batería de la terminal del teléfono, continuó su exposición y aclaró lo que realmente quería: «Mártires haciendo la yihad en territorio español y como muy lejos en Marruecos, Argelia o Túnez».
Y, a partir de aquel momento, el líder espiritual de aquel grupo de radicales islamistas, Serhane ben Abdelmajik Fahket El Tunecino, preguntó «quién estaba preparado, y todos aceptamos». El siguiente paso fue poner el operativo en marcha y tomar las precauciones necesarias: «Añadió que esta información no podía ser transmitida al resto del grupo, y, si alguien se interesaba por el asunto de la reunión, solamente debíamos decir que habíamos cenado y rezado».
El Tunecino, incluso, ordenó: «A partir de ahora tenemos que andar con más cuidado y nos reuníamos menos y nunca hablar por los móviles de lo que nos une y que sepamos todos que estamos en observación por Moukhabarat [sic]». En árabe, los servicios secretos de un país reciben el nombre de moujabarat.
Cartagena, siempre según su escrito-denuncia presentado en la Audiencia Nacional, se sorprendió cuando osó molestar a los agentes de la UCIE un viernes de madrugada, nada más terminar la última cena de El Tunecino: «Me transmitió inquietud y en esa misma madrugada comuniqué con la UCIE para solicitar una reunión de carácter urgente, y no les gustó que llame a esas horas de un viernes... como el fin de semana no trabajan pues me dijeron que lo aplazábamos para el lunes».
La cita entre Cartagena y los agentes de la UCIE se produjo el lunes siguiente: «El lunes nos reunimos y les transmití toda la información y uno de ellos, preocupado, se disculpó para realizar una llamada».
Farssaoui no sabe cuál fue la respuesta que recibió el agente de la UCIE cuando habló con sus superiores, pero él recibió la orden de que se retirara a su casa y de que «no vuelva a tener contacto con dicho grupo».
Cartagena iba de sorpresa en sorpresa y al día siguiente recibe una orden, que al parecer, nunca ha entendido: «Me dicen que abandone el grupo definitivamente, ya que afirman que dicho grupo está bajo su supervisión y añadieron que ese grupo solamente decía muchas palabras, pero que no actuarían».
Meses más tarde, según las calificaciones del juez Del Olmo y la fiscal Olga Sánchez, el grupo de El Tunecino y de Jamal Ahmidan, El Chino, atentaron contra los trenes de la muerte produciendo 191 muertos y más de 1.500 heridos.
Cartagena vuelve a recibir una nueva orden de sus controladores: «Me sugirieron que me traslade a Barcelona para investigar a un individuo (según ellos) muy peligroso y más importante que El Tunecino». Farssaoui, siempre según su denuncia, se niega a trasladarse a Barcelona y recibe la recomendación de que «al menos abandone Madrid, que es algo por mi bien».
Farssaoui tiene la sensación de que se ha convertido en un «testigo negativo» y sale de Madrid sin avisar a nadie. Sin embargo, después del 11-M Cartagena es localizado en Granada por los agentes de la UCIE y, según él, lo obligan a preparar la operación Nova.
El Piso de Leganés estaba controlado
Cómo, cuándo y de qué manera llega la Policía el día 3 de abril de 2004 hasta el piso de Leganés, donde se había refugiado el comando terrorista que atentó contra los trenes de la muerte el 11-M, sigue siendo una incógnita. Han pasado más de dos años y medio y todo sigue confuso. Abdelkader Farssaoui, según su nueva declaración, deja en entredicho la información del comisario Mariano Rayón, jefe de la UCIE, la del juez Del Olmo y la de la fiscal Olga Sánchez.
Todos ellos, comisario, juez y fiscal, sitúan la localización del piso de los terroristas después de las 15.00 horas del 3 de abril, y Cartagena centra el tema a las 7.00 horas de ese mismo día. Farssaoui, que se encontraba viviendo en Almería, relata los hechos de aquella jornada de la siguiente manera: «El día 3 de abril, a las 7.00, me vino a buscar un coche oficial para que los acompañe a Madrid, ya que es urgente. Nos reunimos en el parque Juan Carlos I, con algunos ya conocidos de la UCIE y a otros no les conocía (uno me lo presentan como comisario para que le cuente lo que sé relacionado con el grupo del 11-M)».
Abdelkader aprovecha el momento para criticar el comportamiento que tuvo la UCIE cuando él informó sobre la última cena de El Tunecino. La respuesta de sus controladores fue rápida y directa: «Me pedían que yo me olvidase del pasado». Cartagena prosigue su relato: «El supuesto comisario se levantó para realizar una llamada, y le oí decir: Como este moro hable de esa manera la hemos cagado. (No sé si se refiere a mí o a otra persona)».
Todos esos hechos están ocurriendo antes de las 15.00 horas del 3 de abril de 2004, cuando el comisario Rayón dice que supo que los terroristas estaban en un piso en Leganés. Cartagena detalla, aún más, aquel encuentro en medio del parque Juan Carlos I de Madrid: «Al final de la reunión me pidieron que vaya a visitar al grupo [se refiere a El Tunecino, Allekema Lamari, Jamal Ahmidan y el resto del comando] a un piso de Leganés, ya que están reunidos y así saber el número de personas que hay y si hay alguien nuevo que no conocía de reuniones anteriores».
Farssaoui, a pesar de las presiones policiales, se lo piensa. La última vez que vio a El Tunecino y al resto del grupo fue en junio de 2003, y además desapareció sin despedirse de sus compañeros: «Yo no quise, puesto que ya no sé nada de ellos y no quiero que sospechen nada de mí, ya que nunca acudí a las reuniones sin previo aviso o sin una invitación anterior. Y menos ir a un piso que no conocía y ellos se iban a preguntar cómo había llegado hasta allí».
El confidente policial está en medio de una situación realmente complicada. Si no va, tendrá problemas con sus controladores, y si acepta la invitación policial, sabe que posiblemente no vuelva a Almería vivo. Definitivamente, Abdelkader dice no y recibe la siguiente orden: «Me mandaron a comer y, no recuerdo un día o dos más tarde, quedamos en un punto de Madrid, y me sorprenden dos agentes en plena calle, dándome el alto, esposándome y leyendo mis derechos».
Tras varias horas retenidos, Abdelkader sale en libertad, pero bajo la amenaza de que «no hablase con nadie y de que en el caso de detención por otro servicio que no hable hasta que estén ellos presentes».
Mientras, la situación en Leganés sube muchos enteros y los terroristas se suicidan a las 21.00 horas de aquel fatídico 3 de abril de 2004.
El imam de la mezquita de Villaverde termina su denuncia con una reflexión: «Después de ver las imágenes del piso de Leganés, empecé a vivir con mucho miedo, ya que me imaginado [sic] muerto en dicho piso dejando detrás mía mi familia y mis hijos». Y plantea una pregunta a los agentes de la UCIE: «No había manera de olvidarme de pensar en el pequé [sic] querían realmente que me vaya a ese piso aquel día».
Hay que recordar que un día antes, el 2 de abril de 2004, el CNI trajo a Madrid, desde Valencia, a Sabag Safwan, confidente de los servicios de Inteligencia y hombre encargado de controlar a Allekema Lamari, el supuesto jefe militar del comando que atentó en el 11-M.

turk dijo
¿Scapegoat in a Plot?
16 Enero 2007 | 01:04 PM