«Os he traído un regalo. Aquí tenéis 50.000 euros. Para vosotros. Para lo que queráis», anunció Teodoro Obiang blandiendo un grueso sobre blanco en su mano ante el centenar largo de seguidores que habían jaleado con aplausos y exclamaciones su discurso en la sede de la nueva embajada de Guinea Ecuatorial en Madrid. El regalo del dictador causó tanta expectación que el público abandonaba la sala con los nervios a flor de piel y calculando el reparto por cabeza. Evidentemente, el tocateja no se produjo. Presumiblemente, el sobre se lo quedará el embajador para gastarlo como crea conveniente en beneficio de la comunidad.
No obstante, el dinero sirvió para mantener vivos los ánimos de un festejo que, pasadas las 15.00 horas, se prolongaba en el nuevo local diplomático de la antigua colonia española.
Antes de ofrecer su regalo, el presidente de Guinea Ecuatorial, en dos alocuciones consecutivas, se había despachado contra los periodistas y la libertad de prensa que existe en España y contra los partidos políticos. Contra los primeros, por criticar su régimen plagado de abusos, y contra los segundos por mostrarle a las claras su rechazo impidiéndole visitar el Congreso de los Diputados y firmar en su Libro de Honor.
«Espero», dijo Obiang nada más cortar la cinta de inauguración bajo la lluvia, «que la política de los ciudadanos de Guinea Ecuatorial se haga en Guinea Ecuatorial y no en España». «Y digo a las fuerzas políticas y a los españoles que no deben formar parte de la oposición guineana porque eso es irracional. Tienen que ser imparciales».
También dirigió un mensaje a «todos los que dicen ser de la oposición». A éstos les instó a volver a Guinea porque allí no tendrán ningún problema. «Y si tienen alguna causa judicial», añadió, «que hagan una petición al Gobierno para ver si se les puede perdonar porque aquí [en España] no van a ganar nada».
A continuación la emprendió contra los medios de información españoles. «La prensa siempre es irracional y quiere demostrar que aquí hay una política de fragmentación. Digan lo que digan los periódicos, nos han recibido muy bien porque estuve con el principal líder de la oposición, el señor Rajoy; he estado con el presidente del Gobierno y con Sus Majestades», señaló.
«Yo creo», apuntó con su voz sueve y pausada, «que las fuerzas políticas españolas tienen que seguir la política del Gobierno y de Su Majestad».
«Aunque, bueno», y el tono adquirió un tinte irónico, «como aquí hay libertad de prensa, cada uno dice lo que quiere, pero nosotros seguimos decididos con nuestra política».
Obiang expresó su satisfacción al ver a las decenas de sus seguidores reunidos: «Vuestra presencia me demuestra que estáis orgullosos. Sois vosotros los que tenéis que juzgar y no los extranjeros».
«Estamos haciendo una política constructiva en el país. En Guinea Ecuatorial existe democracia pluralista y se respetan los Derechos Humanos», afirmó. «La situación de Guinea es actualmente indescriptible. Seremos en el futuro un país de referencia», recalcó. «Guinea Ecuatorial es un remanso de paz y es la envidia de la zona. Pero nosotros», dijo, «no queremos ponernos nerviosos ni hacer caprichos como otros países que han descubierto petróleo».
El presidente apuntó además que espera de España respaldo y no «una crítica nefasta que no conduce a nada». «A los españoles les pido que no sean envidiosos e irracionales porque su deber es abrir la puerta a los ecuatoguineanos. Yo le doy un trato preferencial a España y ahora España hace falta que responda», afirmó.
En relación con el mundo empresarial, Teodoro Obiang aseguró que es el Gobierno español el que debe animar a los inversores españoles. «No hay presencia empresarial fuerte de España en Guinea. Ahora hay que hacer borrón y cuenta nueva y empezar con una nueva política».
Luego se dirigió nuevamente a la sala abarrotada y espetó: «Los que habéis acabado vuestras carreras, ¿qué estáis haciendo aquí en España? Estáis perdiendo el tiempo. En Guinea cualquier persona tiene ya una casa, un coche y una vida normal».
Y a los que «se sienten perseguidos», continuó, «les digo que tenemos una democracia pluralista y que no hay ninguna persecución». «El análisis que hago es que aquí no existe ninguna oposición, sino sólo un grupo de resentidos. También a ellos les invitamos a integrarse, pero no queremos ningún tipo de desorden», advirtió para, luego, insistir ante sus fieles: «No os asociéis con unos delincuentes», en clara referencia a los opositores exiliados en España y, en especial, a Severo Moto, acusado de haber intentado varios golpes de estado contra su régimen.
--------------------------------------------------------------------------------
«¡Todos los invitados fuera. Todos a la calle, que llega su excelencia!»
Bajo la lluvia, que arreciaba por momentos, un nutrido grupo de periodistas españoles intentaba sin éxito que el personal de la embajada de Guinea Ecuatorial les franqueara el paso. La expectación por escuchar las palabras que Teodoro Obiang dirigiría a lo más selecto y seleccionado de su colonia era grande.
El servicio de seguridad guineano -cazadoras de cuero negras y gafas oscuras- se mostraba intratable. Una tras otra vez, la puerta se cerraba ante las narices de los informadores calados hasta los huesos.
Un autobús para el otro lado de la avenida. Está lleno de mujeres. Bajan cantando canciones africanas y bailando con frenesí. Todas están ataviadas con camisetas en las que se lee: «Viva la amistad hispano-guineana. Bienvenidos SSEE Teodoro Obiang Nguema y señora».
Un empleado de la sede diplomática sale a la calle y reparte entre periodistas y cantantes banderitas guineanas, camisetas del partido de Obiang y gorras rojas. La juerga puede con todo, incluso con la lluvia.
Gracias a las gestiones de un diplomático español, los periodistas entran. En el interior, todo el mundo aguarda al presidente, que se hace esperar. Por fin, alguien advierte de su inminente llegada.
«¡Todos los invitados fuera! ¡Que salga todo el mundo a la calle a recibir al presidente!», vocea un destacado funcionario ecuatoguineano que incluso pide ayuda al equipo de seguridad para que haga salir al jardín, bajo el aguacero, a todos los presentes. «¡Oiga, que vamos a coger una pulmonía!», se queja uno de los asistentes. «Nada, nada. Abríguese y salga que hay que dar la bienvenida a su excelencia». Todos de nuevo a la intemperie, incluidos los dos curas que, hisopo en mano, esperan el momento de bendecir la sede, a los presentes y el sarao al completo.
Las víctimas de la fervorosa acogida fueron dos niñas que no pasaban de los ocho años y que con vestiditos veraniegos de tul rosa y blanco, ateridas de frío, y con sendos ramos de flores en los brazos, aguantaron el chaparrón para ser las primeras en dar la bienvenida a su presidente, Teodoro Obiang.
Escribe un comentario